Hay incontables situaciones por las que podemos sufrir un accidente de tránsito. Esto es tan cierto, como que el vehículo más expuesto es la motocicleta o la motoneta. Yo no ando en este tipo de vehículos, pero los veo en la calle cómo circulan. ¡Cómo cruzan las esquinas! Se nos eriza la piel alguna vez cuando las vemos. Pareciera ser que estos cuantos (porque no son todos los motociclistas los que arriesgan sus vidas en los actos que superan el arrojo y el peligro) adoran la adrenalina. Yo me pregunto a veces: ¿no piensa esta gente en lo imprevisto? Observen la caída que tuve una vez en bicicleta (convengamos que no hay una distancia muy larga entre los dos vehículos nombrados): iba yo andando en bici en dirección al oeste, cuando imprevistamente la rueda de adelante pisó un pedacito de hierro de unos 30 cm -de los que usan los albañiles, que calculo lo volteó uno de ellos y siguió sin darse cuenta-. El hierro de 12 pulgadas hizo una pirueta en el aire y se metió por entre los rayos de la rueda, frenándola más que bruscamente y rodé por el piso, raspándome la cara y golpeándome los brazos y la cabeza. Si esto me sucedía andando a gran velocidad en moto, hoy no estaría contando esta historia. Espero que a esta carta la lean los imprudentes especialmente.

Daniel Chavez                                

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